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Una Ğrosağ de dos colores |
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Written by News Editor
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Wednesday, 29 August 2007 |
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Beirut
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El nuevo presidente turco, Abdula Gül (que significa Ğrosağ en turco), podría ser una representación de la sociedad de su país. Es a la vez un refinado hombre de mundo, educado en Gran Bretaña, y un musulmán devoto que habla árabe y que fue ejecutivo de las instituciones financieras islámicas.
¿Cuál de los dos va a ser el presidente de Turquía? Desde la llegada al poder en 2004 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Gül ha sido la sombra del líder Tayip Erdogán. Fue primer ministro mientras éste estaba inhabilitado legalmente por unas declaraciones extremistas, y ahora ha sido designado el candidato del partido al puesto de presidente de la República porque Erdogán no se ha atrevido a ocupar él mismo el cargo, a la vista de las tremendas presiones que tal idea había desatado.
Es decir, en lo esencial ambos son iguales, y en los matices hasta ahora ha prevalecido Erdogán, que sigue siendo el que controla el partido y toda su maquinaria.
Gül debe convencer antes que nadie a los militares de que no va a poner en peligro lo que ellos consideran sacrosantos principios de la república laica, pero al mismo tiempo tiene que ser la gran válvula de escape para toda una serie de proyectos muy queridos por los electores del AKP que estaban bloqueados por los anteriores presidentes. Los uniformados esperarían un gesto, sobre todo de su esposa, si ésta fuera capaz de aparecer en público sin el pañuelo en algunas ocasiones protocolarias, o, de lo contrario, este pequeño accesorio vestimentario amenaza con convertirse en una de las piedras de escándalo en la política turca, tapando otros asuntos que deberían estar en el primer plano de la agenda, como el ingreso en la UE o la consolidación de la reforma económica.
La hora de la verdad
El nuevo presidente, que tiene 57 años y proviene de la ciudad de Kayseri, en el centro de Anatolia, ha conocido a lo largo de su vida cuatro golpes de estado militares, algunos de los cuales dirigidos a impedir la consolidación de gobiernos islamistas. Ahora que tiene ante sí un mandato de cinco años, como jefe del Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, cuenta también con la potestad de autorizar o frenar, por ejemplo, una intervención militar en el norte de Irak en caso de que el conflicto kurdo se agrave o que el propio Irak se desintegre.
La figura de Gül es muy bien conocida en Europa, donde no le faltan ni amigos ni admiradores. Pero a los primeros que tiene que convencer es a los turcos que la primavera pasada se manifestaron en su contra en todo el país. |